El fuego que cura
Autor: Marc Delfour
Fecha: 15 de noviembre de 1967
Lugar: Galerie Jo, París, Francia
Instrucciones: En una galería de arte con público limitado, un violinista vestido formalmente inicia una interpretación de una pieza clásica conocida. El ambiente es sereno, y el artista está completamente concentrado en su ejecución. Sin previo aviso, otro performer entra en escena, portando un encendedor en la mano. Este segundo individuo, sin mediar palabra, prende fuego a las partituras mientras el violinista continúa tocando. Es importante que el interprete no detenga su ejecución hasta que el fuego cese.
Esta performance presenta una tensión progresiva entre el orden y el caos. Al ver cómo el segundo performer quema las partituras del violinista, el público experimenta una transición de la armonía a la incertidumbre. En este gesto, Delfour subraya la precariedad del arte estructurado, insinuando que la creación no se define necesariamente por la estabilidad o la previsión, sino que es capaz de florecer incluso en condiciones de pérdida y transformación.
Desapego y Adaptación: La quema de las partituras es una representación simbólica del desapego, forzando al violinista a adaptarse y continuar sin el apoyo tangible de su partitura. Esta pérdida pone en evidencia el papel de la intuición, el instinto y la creatividad en la supervivencia del acto artístico, proponiendo que el arte, como la vida, requiere flexibilidad ante lo imprevisto.
Fragilidad de la Estructura y de las Expectativas Culturales: En una época en la que los movimientos artísticos desafiaban las convenciones rígidas de las instituciones y la alta cultura, "Ashes of the Score" se posiciona como un comentario sobre la fragilidad de las estructuras establecidas. Las partituras representan el orden tradicional en la música, y al destruirlas, Delfour invita al espectador a cuestionarse qué tan esencial es este “orden” para la experiencia musical.
Perseverancia y Resiliencia Creativa: El violinista continúa tocando, incluso mientras las partituras se vuelven cenizas. Este acto de perseverancia frente a la destrucción simboliza la resiliencia del arte y su capacidad de adaptación. Delfour parece sugerir que la verdadera esencia de la creación artística no radica en el objeto físico o en el soporte, sino en la acción misma, en el ímpetu creativo que sigue adelante sin importar las circunstancias.
La Destrucción como Elemento de Creación: La destrucción de las partituras también es una creación en sí misma. Los restos, las cenizas y la ausencia se convierten en parte del performance, y lo efímero de este acto ofrece una reflexión sobre la naturaleza temporal y transformadora del arte. Esta característica de la obra invita a considerar que lo efímero no solo es una pérdida, sino un proceso creativo.
Ejecutada en París en 1967, esta acción ocurre en un período de cambio cultural y político. En la época, el arte europeo estaba impregnado de influencias de la filosofía existencialista, que cuestionaba la estabilidad de los sistemas de valores y normas. También, el mundo del arte buscaba activamente romper con las estructuras elitistas, permitiendo que el arte conceptual y el performance provocaran y desestabilizaran al público. La destrucción de las partituras puede leerse como una metáfora de la desconfianza hacia las instituciones artísticas tradicionales y como una invitación a reconsiderar las bases mismas de la práctica creativa.
La pieza también explora la relación entre el público y la acción. La audiencia asiste inicialmente como un observador pasivo, sin anticipar que el "concierto" incluirá un acto de destrucción. La quema de las partituras desafía esta posición cómoda, dejando al espectador en una posición ambigua, en la que se enfrenta a la violencia y la fragilidad de un proceso creativo que, en lugar de protegerse y controlarse, se expone y arriesga. El acto de la combustión produce reacciones inmediatas de sorpresa o ansiedad en el público, que se ve obligado a lidiar con la realidad de que la creación puede surgir incluso en un contexto de destrucción y de que la estabilidad es, en última instancia, una ilusión.


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