Dejarse caer (I)

Título: "Fall I"
Autor: Bas Jan Ader 
Lugar:  Los Angeles (1970), USA  

Descripción: "Fall I" es un video en blanco y negro, de corta duración, en el que el autor se sitúa en el tejado inclinado de una casa en Los Ángeles. El artista se sienta al borde del tejado y, sin expresión alguna, permite que su cuerpo se incline hacia adelante hasta perder el equilibrio. Poco a poco, se desliza y cae del borde, impactando contra unos arbustos y el suelo, la acción se ejecuta con total sencillez y austeridad, sin resistencia ni esfuerzo por evitar el impacto. La calidad del video y su simplicidad técnica enfatizan la pureza y crudeza del acto de caer.

 


 

Desde una perspectiva artística, "Fall I" se sitúa en un punto entre la performance, el videoarte y la escultura en movimiento. Ader utiliza su cuerpo como medio artístico, mostrando un acto cotidiano y familiar; la caída, convirtiendo una acción tan sencilla en un objeto estético y poético. Al caer, transforma su cuerpo en una escultura efímera en el espacio, creando una experiencia visual de fragilidad y gravedad.

Creada en 1970, "Fall I" surgió en un momento en que el arte conceptual y el performance estaban ganando fuerza, especialmente en Estados Unidos, donde. Estos movimientos cuestionaban las formas de representación y el concepto de la obra de arte como objeto, priorizando la idea sobre la forma física. El performer, quien formaba parte de la escena artística de California, se encontraba rodeado de corrientes que buscaban redefinir el papel del artista y la relación entre el arte y la vida. En lugar de producir objetos tradicionales, muchos artistas en esa época experimentaban con la documentación de acciones e intervenciones que exploraban los límites físicos y psicológicos.

A nivel conceptual, "Fall I" representa una meditación sobre la vulnerabilidad, la pérdida de control y el fracaso. La caída desde el tejado puede interpretarse como una aceptación del impulso de rendirse ante lo inevitable, ante fuerzas que son más grandes que el control humano. En este sentido, la obra es tanto un acto de rendición como una resistencia a la idea de que debemos controlar cada aspecto de nuestra existencia.

Al no intentar detener su caída, parece entregarse voluntariamente a la gravedad, simbolizando la aceptación de lo incontrolable. Este acto de entrega tiene un profundo trasfondo existencialista: evoca las ideas de filósofos como Søren Kierkegaard y Albert Camus, quienes argumentaban que la vida es una confrontación continua con lo absurdo y con la inevitabilidad de la caída y el fracaso. Al mostrar una caída tan mundana, Ader presenta el fracaso como algo inherentemente humano, despojándolo de su connotación negativa y transformándolo en un acto de honestidad, vulnerabilidad y resignación.

La caída desde el tejado también sugiere una especie de viaje interior, donde la acción de soltar el control podría leerse como un acto de aceptación de la condición humana. La falta de teatralidad en la caída y el entorno suburbano y común crean un contraste que refuerza el simbolismo de una caída que podría sucederle a cualquiera en cualquier momento, transformando lo ordinario en algo trascendental al presentar la fragilidad del ser humano frente a su propio destino.


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