Tirando del hilo
Artista: Isabel Ferrón und Kollektiv ohne Grenzen
Fecha: 15 de septiembre, 1976
Lugar: Kreuzberg, Alemania
Instrucciones: Varios artistas están distribuidos en diferentes puntos de una calle concurrida, cada uno de ellos lleva la punta de un cordel en la mano, el otro extremo puede estar sujeto por otro performer o atado en cualquier objeto urbano, una señal de trafico, una banco o una tubería. A medida que se mueven, el cordel se va tensando impidiendo el paso de los viandantes que se detienen en puntos aleatorios. La actitud de los artistas debe ser neutra obviando la reacción del público. La actuación es sutil, tranquila y abierta, dejando al público imaginar lo que representa. En cualquier momento se puede soltar el cordel para provocar una vuelta a la supuesta normalidad.
"Espacio público, espacio ocupado" es una performance sutil pero profundamente cargada de significado que transforma un espacio urbano cotidiano en un territorio de reflexión sobre la ocupación, la propiedad y el flujo constante de la vida en la ciudad. La acción consiste en que los performers, colocados estratégicamente en distintos puntos de una calle concurrida, sujetan cordeles que se extienden y tensan en varias direcciones, interfiriendo con la circulación natural de los viandantes. El simple gesto de tensar los cordeles crea un entramado de líneas físicas y simbólicas que marca una interrupción en el flujo habitual, forzando una pausa y, en algunos casos, una reflexión en el movimiento y el propósito del espacio compartido.
Esta performance se inserta en un contexto de creciente debate sobre el uso del espacio público y el derecho a la ciudad. Las calles, plazas y espacios abiertos son, en teoría, áreas de libre tránsito y encuentro, lugares que pertenecen colectivamente a la comunidad. Sin embargo, en las ciudades modernas, estos espacios están cada vez más sujetos a regulaciones, privatizaciones y control, ya sea por medio de restricciones en el uso, barreras arquitectónicas o la influencia de intereses privados. La intervención de los performers con los cordeles crea una especie de metáfora visual de las barreras invisibles—sociales, políticas o económicas—que limitan el acceso a estos espacios teóricamente “públicos”.
En este contexto, "Espacio público, espacio ocupado" invita a cuestionar la propiedad y el uso del espacio urbano, recordándonos que lo público no siempre es tan accesible como parece. Al interrumpir la rutina de los transeúntes, la performance señala que, aunque estos espacios están destinados a la colectividad, también pueden ser “ocupados” de manera temporal por una propuesta artística que redefine sus reglas y su propósito.
Para los transeúntes, la performance crea una experiencia ambigua: un obstáculo que, aunque no representa una verdadera amenaza, exige que se pregunten cuál es su propósito. Al detenerse, miran a su alrededor y observan a los performers y los cordeles que alteran su entorno habitual. Este cambio en la percepción les hace conscientes del espacio que ocupan y de cómo la estructura urbana, normalmente fluida e ininterrumpida, puede reconfigurarse temporalmente por una intervención mínima. La acción también deja a los transeúntes cuestionarse: ¿qué representa esta ocupación temporal? ¿Es una alegoría de las barreras sociales que cruzamos a diario? ¿Es una crítica sobre la ocupación del espacio público?
El simple acto de tensar el cordel se convierte, entonces, en una metáfora de las limitaciones y permisos implícitos que moldean el acceso y el uso del espacio urbano. La actitud neutra de los performers permite que los transeúntes completen el significado de la acción con su propia reacción, haciendo de cada interpretación una parte integral de la obra. Los que participan con curiosidad o desconcierto aportan tanto a la performance como los performers mismos, convirtiendo el espacio público en un lugar de interacción entre el arte y la vida cotidiana.
Una reflexión sobre la temporalidad, la ocupación y la colectividad en un entorno urbano. Nos recuerda que los espacios públicos son en realidad escenarios de múltiples significados, interpretaciones y posibilidades, que cambian con cada nueva intervención o interacción. Al permitir que la “ocupación” del espacio termine al soltar el cordel, la performance subraya la fugacidad del acto, sugiriendo que aunque las barreras pueden parecer sólidas, también son frágiles y reversibles.
El impacto de esta performance va más allá de la interferencia momentánea. Al introducir una pausa en el flujo urbano y forzar una reflexión involuntaria, "Espacio público, espacio ocupado" invita a los espectadores a imaginar una ciudad donde el espacio no sea solo un canal de tránsito, sino también un lugar de cuestionamiento y transformación. La obra desafía la percepción de lo cotidiano, empujando a quienes la experimentan a reconocer su papel en el uso y la redefinición de los espacios que todos compartimos.





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