¿Quién va primero?
Autoría: Yoko Ono / Fluxus
Instrucciones: Una mujer está sentada tranquilamente en el centro de un escenario, lleva puesto un sencillo vestido negro. Hay un par de tijeras tiradas en el suelo cerca de ella. Personas del público, se acercan a ella una a una, cortando trozos de su ropa. Los asistentes se pueden llevar los trozos de vestido que van cortando. La expresión de la mujer debe ser serena, casi indiferente, mientras le quitan lentamente la ropa. La simplicidad de la instrucción deja libertad total en manos del público: el ritmo, el tamaño de los cortes y el desarrollo de la pieza dependerá de la decisión colectiva de la audiencia.
"Cut Piece" de Yoko Ono, realizada por primera vez en 1964, es una de las performances más potentes y complejas de su época, y se mantiene como una obra de referencia en la historia del arte de performance. Con esta acción, Ono exploró los límites de la vulnerabilidad, el consentimiento y la interacción entre el artista y el público, abriendo un espacio de reflexión sobre temas que incluyen la violencia, el poder y la objetificación del cuerpo, especialmente el cuerpo femenino. A través de un acto aparentemente simple y silencioso, "Cut Piece" alcanza una densidad simbólica y emocional extraordinaria, cuestionando no solo las barreras entre arte y vida, sino también entre espectador y acción.
Una de las particularidades más impactantes de "Cut Piece" es cómo desafía al público a convertirse en parte activa de la obra. Los espectadores, tradicionalmente acostumbrados a una posición pasiva y segura, son aquí transformados en participantes y, en muchos sentidos, en coautores de la acción. Cada espectador que decide subir al escenario y cortar un trozo de la ropa de Ono toma una decisión moral y artística: ¿qué tan grande será el corte? ¿Lo hará de forma delicada o con brusquedad? Este nivel de participación activa convierte a cada espectador en un cómplice potencial, enfrentándolo a las implicaciones de su propio comportamiento.
Al cortar la ropa de Ono, el público experimenta una incomodidad derivada de la responsabilidad directa en el deterioro físico de otro ser humano. Este acto de violencia simbólica es a la vez liberador y perturbador, y convierte la performance en una experiencia ética en la que los espectadores confrontan sus propios impulsos, límites y concepciones sobre el respeto y la invasión de la intimidad.


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