Como producir un aplauso con una sola mano

Título: "Echo Chamber" 
Artista: Henrietta Müller
Fecha: 19 de julio de 1968
Ubicación: Galería
Freiraum, Berlín

Instrucciones: "En una galería con poca luz, una pequeña habitación ha sido revestida con espejos por todos lados, a excepción del fondo, en el que está instalado un lienzo forrado de terciopelo negro. Un solo artista se sienta sobre una silla en el centro mirando hacia el fondo, a intervalos no concretados el artista da una palmada. El sonido resultante, resuena sin cesar en el espacio, rebotando en las paredes de espejos, las palmadas continúan, el ritmo comienza a cambiar, volviéndose más rápido, más lento o irregular, todo mientras los espejos reflejan una versión infinita del intérprete, que tiene impedida la visión frontal de su reflejo"


"Echo Chamber" explora la relación entre el espacio, el sonido, y la multiplicación infinita de la presencia humana a través de la repetición y el reflejo. Al situar a un único performer en el centro de una sala rodeada de espejos, la obra se convierte en una metáfora de la percepción individual, la comunicación y la distorsión de la identidad en un mundo sobrecargado de estímulos y respuestas.

El simple acto de golpear la palma una mano sobre la otra, repetido una y otra vez, simboliza un intento de autoafirmación, un sonido que busca resonar y encontrar eco en el entorno, en los otros. Sin embargo, en lugar de ser recibido por una audiencia que lo absorba y lo interprete, el sonido se devuelve incesantemente a su origen, multiplicándose en un vacío que lo amplifica añadiendo sutiles variaciones. El sonido seco del impacto de las manos rebota en las paredes de espejo, devolviendo al performer su propio gesto, su propia voz, en una representación visual y acústica de la cámara de eco, donde las ideas y acciones se replican sin ser cuestionadas, creando una ilusión de diálogo, pero sin interacción real.

El performer es observado desde fuera, por una audiencia que, a su vez, contempla la multiplicación de su imagen en los espejos laterales. El ejecutante tiene velada la contemplación de su propia imagen ya que en el fondo de la estancia hay un lienzo negro que le proporciona una sensación de auto anonimato.

Los reflejos infinitos del cuerpo crean la ilusión de omnipresencia, una metáfora de cómo la imagen personal se proyecta y se descompone en la era moderna, en la que las personas ven versiones distorsionadas de sí mismas, replicadas y deformadas por las influencias externas—ya sea a través de los medios de comunicación, la cultura popular, o la opinión pública.

El eco que resuena interminablemente, sin cambiar, pone en cuestión la capacidad de la sociedad para escuchar realmente, en lugar de simplemente reflejar o amplificar sus propias convicciones. En este sentido, la pieza se convierte en una crítica a la falta de verdadero diálogo en el espacio social, donde las voces se reproducen sin ser cuestionadas, generando un bucle cerrado de autoafirmación, aislamiento y desentendimiento.

A nivel visual, los espejos no solo multiplican al performer, sino que también representan una distorsión de la realidad: cada reflejo es una versión imperfecta, ligeramente alterada por la posición y la perspectiva, enfatizando cómo las representaciones de uno mismo se transforman en la percepción de los demás.

En resumen, esta acción desafía al espectador a cuestionar qué es real y qué es simplemente una reproducción de su propio pensamiento. El espacio reverbera con el sonido y la imagen, pero carece de profundidad, sugiriendo que, en un mundo donde el eco es más fuerte que la escucha auténtica, lo que parece infinito es en realidad vacío, un vacío sin autoría.

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